UNACH 2026: Más que clases, una bienvenida que construye comunidad

Mochilas pesadas, mapa en el celular y un toque de incertidumbre. Esa fue la estampa de los nuevos alumnos de la Universidad Adventista de Chile durante las últimas dos semanas. La primera fue online; la segunda, presencial. Y en este corto tiempo, descubrieron algo fundamental: antes que las ecuaciones y los trabajos, lo primero que…
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12 Mar, 2026

Mochilas pesadas, mapa en el celular y un toque de incertidumbre. Esa fue la estampa de los nuevos alumnos de la Universidad Adventista de Chile durante las últimas dos semanas. La primera fue online; la segunda, presencial. Y en este corto tiempo, descubrieron algo fundamental: antes que las ecuaciones y los trabajos, lo primero que se construye en las aulas es comunidad.

Todos conocemos esa sensación de estar en un lugar, pero sentirse ajeno. La mochila pesa, y la duda de si encontraremos la sala correcta nos acompaña. Ser nuevo nunca es fácil. Sin embargo, la generación 2026 de la UNACH comprobó que, aquí, la llegada es distinto.

Dos momentos, un mismo propósito: Propedéuticos y VERTICE UNACH

Durante el propedéutico y la semana de inducción, las ecuaciones y las normas APA pasaron a segundo plano. No porque no importen, sino porque algo más urgente reclamaba su espacio: aprender a ser comunidad.

Esta actividad, desarrollada de manera virtual, fue el primer paso en este camino. El programa busca fortalecer las competencias académicas y transversales de los estudiantes ingresantes, favoreciendo su integración al contexto universitario y asegurando una progresión académica óptima mediante la reducción de brechas formativas.

Propedéutico online realizado por profesionales de la Dirección de Apoyo Integral del Estudiante (DAIE)

Luego vino VERTICE UNACH, la semana de acompañamiento y nivelación que se realiza de manera presencial, en un esfuerzo coordinado entre la Vicerrectoría de Desarrollo Estudiantil y la Vicerrectoría Académica. VERTICE reúne los conceptos clave del inicio a la vida universitaria: Vida, Experiencia, Ruta, Trayectoria, Identidad, Compromiso y Encuentro. Todo esto, con el objetivo de fortalecer lazos de compañerismo, facilitar la inducción a la vida universitaria y dar los primeros pasos en la formación académica.

El primer día no empezó con un «abran sus cuadernos»

Lo que vivieron los nuevos estudiantes no fue una típica jornada de trámites. Fue un ensayo de lo que significa pertenecer a esta casa de estudios. Entre dinámicas para romper el hielo, juegos por equipos y recorridos por el campus, los rostros de incertidumbre comenzaron a transformarse.

Ver a un grupo cargando juntos cajas de materiales, o a jóvenes de distintas carreras decidiendo dónde almorzarán el resto del año, es la mejor postal de nuestra universidad. Los profesores, lejos del podio, se sentaron a compartir anécdotas, demostrando que aquí la educación es un diálogo, no un monólogo.

Nivelar la humanidad

El propedéutico cumplió una función silenciosa, pero poderosa: nivelar expectativas, miedos y esperanzas. En la Universidad Adventista de Chile estamos convencidos de que un gran profesional se construye sobre la base de una gran persona.

Cuando estos nuevos estudiantes vuelvan a sus casas, quizás aún no dominen las fórmulas. Tal vez no recuerden todos los nombres de los profesores. Pero seguro recordarán el rostro del amigo que conocieron hoy. Esa mano que les indicó dónde quedaba la sala. O el grupo de WhatsApp que ya planea el próximo trabajo en equipo.

Y ese es el primer y más importante paso de su viaje universitario. Porque antes de ser ingenieros, enfermeros, profesores o teólogos, son personas que aprenden a mirarse a los ojos. Personas que se ríen de un tropiezo en la entrada del comedor y comparten un almuerzo improvisado bajo la sombra de un árbol.

La universidad no empieza cuando suena el timbre de la primera clase. Empieza cuando alguien se sienta a tu lado y te pregunta: «¿De dónde vienes?».

Esa pregunta, tan sencilla y humana, es la semilla de todo lo que vendrá. En estos días de mapas compartidos, los nuevos estudiantes no solo aprendieron a ubicarse físicamente. También encontraron su lugar en una comunidad que los recibe con los brazos abiertos.

Aquí no hay llegadas en solitario. Cada mochila pesada se aligera cuando hay alguien dispuesto a caminar a tu lado. Cada incertidumbre se disipa cuando un compañero te dice: «Vamos juntos, yo también estoy perdido».

La Universidad Adventista de Chile no solo entrega títulos. Forma vínculos que trascienden las aulas. Lo vivido esta semana es la prueba de que, cuando la educación se construye desde el encuentro, la escucha y la empatía, el aprendizaje se vuelve imborrable.

No hay mejor manera de prepararse para los desafíos académicos que saberse parte de algo más grande. Una familia que celebra tus logros, te sostiene en las caídas y camina contigo, paso a paso, durante todo el recorrido.

Fotografías:

José Zúñiga Providel / Gerson Hermosilla

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