Liderazgo comunitario con nueva energía: proyecto capacita a dirigentes en gestión, tecnología y derechos ciudadanos

Con el respaldo del Fondo Para Vivir Mejor 2025, una iniciativa ejecutada por Fundación Oportunidades y la Universidad Adventista de Chile logró reunir a 32 líderes sociales, superando todas las metas. El resultado: cuatro proyectos ya postulados, dos nuevas fundaciones y una veintena de propuestas en camino. Un diagnóstico compartido: saber qué falta, pero no…
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8 May, 2026

Con el respaldo del Fondo Para Vivir Mejor 2025, una iniciativa ejecutada por Fundación Oportunidades y la Universidad Adventista de Chile logró reunir a 32 líderes sociales, superando todas las metas. El resultado: cuatro proyectos ya postulados, dos nuevas fundaciones y una veintena de propuestas en camino.

Un diagnóstico compartido: saber qué falta, pero no cómo pedirlo

Cuando una junta de vecinos logra redactar su primer proyecto sin ayuda externa, cuando un club de adultos mayores entiende cómo postular al 8% del Gobierno Regional, o cuando un grupo de mujeres indígenas se atreve a formalizar su propia fundación, algo está cambiando en el territorio. Ese algo es el proyecto «Fortaleciendo liderazgos comunitarios para la participación y gestión local», una iniciativa que durante los últimos meses ha removido las bases de la participación ciudadana en la comuna de Chillán y sus alrededores.

Lo que comenzó con la meta de formar a 20 dirigentes terminó convocando a 32 personas, una señal evidente de la necesidad de herramientas reales que existe entre las organizaciones de base. No se trata solo de números: detrás de cada participante hay una historia de esfuerzo colectivo. Asistieron representantes de pueblos originarios, clubes de adulto mayor, juntas de vecinos, grupos de mujeres y clubes deportivos. Todos ellos compartieron un mismo diagnóstico: saben qué necesita su comunidad, pero no siempre saben cómo transformar esa necesidad en un proyecto concreto, con objetivos claros, actividades medibles y un presupuesto convincente.

Más que formularios: habilidades blandas y leyes al alcance de la mano

El proyecto, financiado por el Fondo Para Vivir Mejor 2025 del Ministerio de Desarrollo Social y Familia (uno de apenas 51 adjudicados a nivel nacional), apostó por un modelo integral. No se limitó a enseñar a llenar formularios. En sus talleres, los participantes trabajaron habilidades blandas, liderazgo, comunicación efectiva, trabajo en equipo, gestión emocional y resolución de conflictos, porque un buen proyecto necesita además un equipo que funcione. Pero también hubo espacio para la alfabetización jurídica: la Ley N°19.418 sobre organizaciones comunitarias y la Ley N°20.500 sobre participación ciudadana en la gestión pública dejaron de ser textos lejanos para convertirse en aliados prácticos.

Para los dirigentes, este conocimiento ha significado un antes y un después. Ahora saben, por ejemplo, cómo regularizar su estatus, cómo participar en audiencias públicas y cómo hacer valer su voz en espacios de toma de decisiones. La comunidad, a su vez, gana representantes más seguros y mejor preparados.

Tecnología e inteligencia artificial al servicio del barrio

Uno de los saltos más innovadores del programa fue la incorporación de herramientas digitales e inteligencia artificial como apoyo para la gestión dirigencial. Lo que al principio generó escepticismo, la tecnología suele asustar en territorios con recursos limitados, terminó siendo una revelación. Los participantes aprendieron a ordenar ideas, redactar diagnósticos, definir objetivos y estructurar actividades con ayuda de estas plataformas.

El beneficio para la comunidad es claro: proyectos más claros, mejor fundamentados y con mayores posibilidades de ser financiados. Ya no se trata de enviar un formulario mal redactado o incompleto, sino de propuestas que compiten en igualdad de condiciones con las de organizaciones más experimentadas.

Primeros frutos: cuatro proyectos postulados y veinte en camino

El resultado de este proceso ha sido inmediato. Cuatro proyectos ya han sido postulados a distintos fondos, y se espera que hacia agosto de 2026 esa cifra ascienda a unas veinte propuestas, muchas de ellas orientadas al concurso «Vinculación con la Comunidad 8%» del Gobierno Regional de Ñuble. Los dirigentes han aprendido a utilizar el formulario oficial del fondo y a alinear sus ideas con las directrices del concurso, lo que multiplica sus chances de obtener recursos.

Para la comuna de Chillán, esto significa que iniciativas que antes quedaban en el papel, como sedes vecinales remodeladas, talleres para adultos mayores o proyectos deportivos para niños, ahora tienen un camino real hacia la ejecución.

Dos nuevas fundaciones: el legado que trasciende al proyecto

Pero quizás el impacto más profundo sea otro. Gracias al acompañamiento sostenido, dos nuevas fundaciones vieron la luz en el territorio. No es un detalle menor: formalizarse abre puertas a financiamiento, a alianzas y a incidencia real en espacios públicos. Son dos semillas que seguirán creciendo más allá de la duración del proyecto.

Estas nuevas organizaciones no solo amplían el tejido comunitario de Chillán, sino que también se convierten en futuras anfitrionas de talleres y réplicas de esta experiencia. El beneficio para la localidad es sistémico: más organizaciones formales significan más oportunidades de desarrollo para los vecinos.

Un equipo con pies en el territorio y una alianza universitaria

Detrás de esta operación hay un equipo humano concreto. Fundación Oportunidades actúa como entidad ejecutora principal, mientras que la Universidad Adventista de Chile, a través del Centro de Intervención, Investigación y Acción Social (CIIAS) de su Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales (FACIJS), cumple el rol de coejecutora. Sobre el terreno, Pablo Carrasco Correa (coordinador y director de la fundación), Pamela Lorca Marín (tallerista) y Francisca Oróstica Castro (apoyo operativo y alumna en práctica) han sido los rostros visibles de una iniciativa que demuestra que la capacitación bien hecha no solo entrega conocimientos: transforma realidades.

Para la comuna de Chillán, donde las organizaciones comunitarias son a menudo el único sostén de barrios y localidades alejadas, este proyecto representa una bocanada de aire fresco. Los dirigentes que participaron ya no miran los formularios de postulación con temor. Saben que sus ideas tienen valor y que existe un camino para financiarlas. Y lo más importante: han recuperado la confianza en su propio poder de gestión.

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